sábado, 16 de febrero de 2013

Los tiempos verbales

Los tiempos verbales se puede definir como una historia de amor entre extraterrestres.
El principio del relato fue escrito poco después de Un ruido de armas pero Berce lo guardó durante años hasta que se decidió a desarrollarlo. Cuando estuvo terminado, Berce ya había perdido el contacto con otros aficionados a la literatura de género así que nunca se llegó a publicar. Es probable que Berce ni siquiera se lo enseñase a su círculo más cercano.
El comienzo:

 "La conoceré en la Academia de Idiomas para Extraterrestres y me parecerá reservada y miedosa a pesar de esa sonrisa frecuente que ya entonces no podía dejar de mirar. 
Cuando aquel día me equivoque con los posesivos y en vez de una bienvenida pronuncie un reto de sangre me sorprenderá su facilidad para hacer como que no ve los errores ajenos. Ese fue uno de los motivos de quererla. 
Con mi deficiente terrestre me acerqué a ella en un descanso e intenté decirle tantas cosas que sólo una habrá tenido clara: que soy un torpe. Pero me sonreía y eso es todo lo que querré..."

domingo, 3 de febrero de 2013

Dioses o fantasmas

Dioses o fantasmas fue escrito para el primer número de Mundos Perdidos por encargo de su editor, Maximino González Barros. Berce le había enviado  Esa oscura soledad pero a González Barros le parecía demasiado experimental para su revista y pidió a Berce un relato más ajustado a los cánones de la ciencia ficción. Berce optó entonces por el tema, ya clásico, de la colonización de otros mundos.
En el relato se puede apreciar la influencia de El corazón de las tinieblas, de Conrad, y el esfuerzo por dotar a la narración de "imaginabilidad".
Empieza así:

"Enfundados en los trajes aislantes (como enormes condones) descendemos desde la nave hacia el planeta los seis en formación triangular. Yo ocupo el vértice de avance únicamente por una cuestión de veteranía en misiones de exploración. Nuestro ejército hace tiempo que suprimió las jerarquías. 
El paisaje a nuestro alrededor, una llanura de hierba amarilla y árboles solitarios, me recuerda las imágenes de la sabana africana que veía de pequeño en los documentales sobre leones y gacelas, y pienso que es irónico que haya tenido que cruzar media galaxia para acabar encontrando algo así cuando sencillamente podía haber cruzado un océano. A lo lejos vemos una aldea de casas de barro entre árboles secos: nos dirigimos hacia ella respetando la formación y el silencio. 
Caminamos en el aire, a un palmo del suelo, como dioses o fantasmas: la brisa mueve la hierba bajo nuestros pies y nuestras sombras parecen dispuestas a huir (como en el libro que me contaba mi madre). A veces me gustaría no tener que llevar el traje en las misiones y poder oler cada nuevo planeta, cada nuevo humano. Miro la aldea frente mí y me pregunto cómo podrán protegerse ellos del virus que somos nosotros..."

sábado, 2 de febrero de 2013

Esa oscura soledad

Esa oscura soledad es el título del primer relato que Berce se atrevió a enviar a las revistas.
La influencia de Flores para Algernon es evidente y, de hecho, en una primera versión, el final incluía un homenaje explícito a la novela de Keyes que sería eliminado en la versión final.
El relato empieza así:

"Queréis hacerme creer que el mundo existía antes de que yo naciera y que seguirá haciéndolo cuando yo haya muerto. Queréis que acepte que mi vida no es más que un parpadeo en la eternidad. Pero es inútil, hace tiempo que sé que soy un agujero negro..."